las condiciones de la educación creadora

Un espacio de no juicio

Cuando se suprime el juicio en un proceso de aprendizaje, el miedo desaparece y las capacidades se colocan al límite. Así, una persona que viene a trabajar sabe que su trabajo no será juzgado por nadie y se siente libre de buscar aprobación a través de él o tratar de alcanzar las expectativas  que tengan los demás acerca de sus resultados. Cuando una persona entra en un espacio con estas características, no puede dejar de juzgar todo lo que tiene alrededor ya que esto es lo que nos han enseñado. En principio quizás no se diga nada pero es mas por inhibición que porque se produzca una situación de “no juicio”. Esta llegará después. Sin embargo, junto a un educador que no juzga, los juicios a los demás van desapareciendo hasta que uno deja de juzgarse a si mismo. En este momento se inicia realmente un proceso auténtico libre en el juego y en la investigación; los límites se rompen y se evoluciona rapidamente. Esto, junto con una estructura que permite la investigación y el juego, hace que cada persona pueda encontrar su propia deriva personal, al margen de cualquier tipo de programa. La Deriva Personal es el proceso de aprendizaje dirigido “desde dentro”, satisfaciendo las necesidades personales, y nunca “desde fuera” atendiendo a un programa que pudiera ser lógico pero que difícilmente podría responder a los intereses de varias personas diferentes.  

Un grupo heterogéneo

Los grupos de trabajo que se forman son escrupulosamente heterogéneos: trabajan juntas personas de diferentes edades, desde niños de 2 años, hasta ancianos de cualquier edad. Todas las personas somos diferentes; sin embargo estamos acostumbrados a que nos homogeneícen y nos agrupen por similitudes para cualquier actividad, con lo cual las propias estructuras nos imponen la comparación y la competitividad. Nosotros pretendemos lo contrario. Queremos crear grupos donde lo que resalte sea la diversidad, de tal modo que cuando alguien entre a trabajar no pueda compararse con nadie y pueda iniciar un proceso personal y creador, donde sentirse seguro, aceptando y valorando su diferencia que aporta riqueza al grupo.

Rol del asistente

El conocimiento profundo del aprendizaje en general y de cada proceso concreto, cuando este tiene lugar sin condicionamientos, permite a un asistente ver a cada persona en evolución y en momentos diferentes de ese proceso, asistiéndole sin juzgarle. Su rol, por tanto, no es dirigir ni controlar procesos o resultados, sino crear la estructura que permita la investigación libre y responder a las necesidades de cada persona, dando hábitos de trabajo pero nunca resolviendo dudas que forman parte del aprendizaje y que cada uno puede resolver. De esta forma cada persona sabe que toda su evolución, todas sus conquistas, se las debe a sí mismo, pudiendo recuperar la confianza en sus capacidades. El asistente es una comadrona de la expresión, pero son los propios participantes los que van a dar a luz.

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